– ¡Esto me suena más a estafa!
El silencio en la sala contrastaba marcadamente con el sonido de los motores afuera, hasta que lo rompió el fiscal. Purificadores de aire, motores eléctricos de vehículos, sonidos que recordaban vagamente a abejas (¿o mosquitos?), competían con murmullos de fondo, provenientes de personas completamente desconocidas (¿periodistas, empresarios, asistentes legales?), nada escapaba a mis oídos. La adrenalina del combate agudiza los sentidos, al menos durante las primeras 24 horas.
– Es evidente que el acusado está induciendo a sus consumidores a comprar una mentira, sutilmente incrustada en sus productos.
Afuera, un calor de proporciones dantescas. Después de todo, ¿por qué exigió el juez que esta audiencia preliminar fuera presencial? Todas las partes podían participar cómodamente desde sus salas con aire acondicionado, a través de sus dispositivos móviles.
– Esta mentira es una ofensa para todos los clientes que prefieren consumir esta agua natural a otras marcas, ofendiendo el libre comercio y perjudicando a todas las empresas honestas del mercado.
Si realmente existiera un mercado completamente libre, la gente compraría lo que quisiera y no necesitaría pasar horas viendo a todo tipo de influencers en redes sociales para discernir si comprar o no algo. El libre albedrío ya no existe, salvo para algún ermitaño digital que ha hecho voto de pobreza y silencio.
– Una vez expuestos todos los elementos fácticos y jurídicos que sustentan esta acción, se solicita que se ordene a la parte contraria la retirada del mercado de sus productos con la marca "Agua Cometa", la revocación del registro de dicha marca y, en particular, cualquier difusión en cualquier medio de comunicación que haga referencia a dicha marca o a la absurda idea de que solo Agua Cometa comercializa este producto, esencial para la vida, como de origen extraplanetario, es decir, la falsa idea de que el agua que bebe el consumidor proviene del espacio exterior.