En El tema de nuestro tiempo, José Ortega y Gasset analiza la crisis de la modernidad, surgida de la tensión irresuelta entre un racionalismo que sacrifica la vida por una verdad inmutable y un relativismo que niega la verdad para salvar la existencia. El filósofo sostiene que la misión de las nuevas generaciones es superar este dilema estéril sometiendo la razón a la vitalidad, inaugurando así la etapa del «raciovitalismo». A través de la doctrina del punto de vista, defiende que la realidad no es un absoluto abstracto, sino un paisaje que solo se organiza mediante la perspectiva individual, haciendo de cada sujeto un órgano insustituible de conocimiento. La obra anticipa una sensibilidad renovada que despoja a la cultura de su solemnidad para otorgarle un sentido deportivo, consagrando la vitalidad ascendente y la fidelidad al propio destino como los valores supremos de la historia.